En más de 10 años de ministerio, mi esposa Emilie y yo hemos dado nuestras vidas para pastorear y guiar a aquellos que Dios nos ha enviado, tanto en China como en Tailandia.  Primero como soltero, en Hong Kong, y luego al interior de la China continental. Allí trabajé con los líderes de las iglesias locales chinas, guiando a la gente al Señor compartiendo con ellos el evangelio, bautizándolos y discipulándolos; plantando iglesias en las casas y difundiendo el evangelio en las partes rurales de China.  

Luego nos mudamos a Tailandia, donde entrenamos misioneros chinos y trabajamos en varias áreas distintas del ministerio.  En 2016, un amigo, pastor de Francia, quién nos casó, se puso en contacto conmigo por teléfono, quería compartir conmigo un sueño que tuvo. En resumen, el sueño era que Emilie y yo seguiríamos sirviendo como misionero, ¡pero en Francia! Yo no lo tomé mucho en serio sin embargo, sólo unos días más tarde, otro amigo, un pastor americano, que estaba en esos momentos en Tailandia me habló de venir a Francia.  Le respondí lo mismo, que no estaba en nuestros planes mudarnos a Francia.  Aunque había algunos factores que nos hacían considerar un viaje corto; por tercera vez se le declaraba un cancer a la madre de Emy.  

Al principio, no tomé esos mensajes en serio, hasta que una tarde mientras conducía mi vehículo en Tailandia, la voz de Dios claramente me invadió:"¡Te estoy envíando a Francia!"   Cuando escuché esa voz inconfundible y fuerte en mi espíritu, rompí a llorar.  Cuando llegué a casa, lo compartí con mi esposa y le dije que consultara con Dios. Sabía ella que no tenía intención de volver a vivir en Francia, así que Dios necesitaba hablarle directamente.   Y es que, en realidad Francia no es una nación atractiva espiritualmente hablando.  Ni es un destino popular para los misioneros de largo plazo.  Pero cuando Dios llama, Él nos prepara, Él abre el camino, Él provee, Él hace que suceda sin importar los desafíos y obstáculos que podamos encontrar en el camino.

En marzo de 2017, finalmente nos mudamos a Francia, sin saber lo que aquí nos esperaba.  Y el Señor ha puesto a Francia en nuestros corazones.

Los últimos dos años han sido vitales para aclimatarnos a la vida francesa. Aunque esa mudanza incluyó razones familiares, Emilie y yo sabíamos que Dios nos dirigía y asumimos el cambio con una actitud misionera. ¿Cómo podemos separar el ministerio de la vida en sí?  Así que nos enfocamos en construir relaciones, adaptamos nuestro entrenamiento y experiencia en el pasado para ministrar en esta comunidad única, y esencialmente aprendimos una nueva forma de vida aquí. 

Viniendo del campo misionero en el sudeste asiático, donde estábamos rodeados de fuerza misionera importante, a una nación espiritualmente pobre, ¡muy pobre!  Sabíamos que no podíamos permanecer pasivos, y por lo tanto empezamos a compartir a Jesús desde el primer día.  ¡Y hemos visto tantos frutos! Hemos comenzado algunos grupos de descubrimiento de la Biblia, una casa iglesia ha sido plantada, hemos realizado varios alcances evangelisticos, entrenamiento, y una gran conexión con, Misiones Fronteras y otros ministerios, mientras seguimos siendo prate de Juventud Con Una Mission.  También se abrió una puerta para llegar a los refugiados de Medio Oriente; afganos, iraquíes, iraníes, libios, con quienes hemos compartido el evangelio y algunos que forman parte de una comunidad de creyentes allí donde han ido. Ahora, después de 2 años de mejorar el idioma y asentarnos como familia, ¡nos sentimos muy preparados para ir por más! 

La necesidad de obreros, discipulos cristianos nunca ha sido mayor.  Como misioneros que desean profundamente dar a conocer a Cristo, nuestra oración es que al leer, también usted se sienta movido a actuar; y de alguna manera apoyar los esfuerzos evangelizadores en Francia, ya sea a través de la oración de intercesión, o de manera financiera.